La importancia de la hidratación
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Aunque el agua se excluye a menudo de las listas de nutrientes, es un componente esencial para el mantenimiento de la vida, debiendo ser aportado por la dieta en cantidades muy superiores a las que se producen endógenamente como consecuencia del metabolismo. El agua debe pues considerarse como un verdadero nutriente.
No hay otra sustancia tan ampliamente involucrada en tan diversas funciones como el agua. Todas las reacciones químicas del organismo tienen lugar en un medio acuoso. Sirve como transportador de nutrientes y vehículo para excretar productos de deshecho. Lubrica y proporciona soporte estructural a tejidos y articulaciones.
Una función a destacar es el importante papel que juega en el proceso de la termorregulación. La elevada capacidad calorífica del agua permite que nuestro organismo, que tiene un elevado porcentaje de agua, sea capaz de intercambiar calor con el exterior ocasionando sólo pequeñas variaciones de temperatura. El agua ayuda a disipar la carga extra de calor, evitando de este modo variaciones de temperatura que podrían ser fatales.
En el caso del ser humano, el agua constituye carca de las dos terceras partes de su peso, siendo por tanto el componente cuantitativamente más importante. Un hombre adulto tiene aproximadamente un 60 % y una mujer alrededor del 50 %.
A medida que pasan los años, la cantidad de agua tiende a disminuir en ambos sexos como consecuencia de los cambios que se producen en la composición corporal (pérdida de masa magra e incremento de grasa corporal), siendo el algunas personas mayores una causa importante de la reducción de peso característica. La parte muscular de nuestro organismo está compuesta mayoritariamente por agua, es decir, gran parte del peso de nuestros músculos son agua.
El contenido total de agua está determinado por el equilibrio entre el ingreso (bebidas, alimentos y agua metabólica) y la pérdida (respiración, heces, transpiración, sudoración y orina). La necesidad diaria de agua está determinada por la cantidad que se pierde y se metaboliza, y por la que se intercambia del exterior por factores como la temperatura, la actividad física, la dieta… No es posible aumentar una reserva de agua extra en nuestro interior, pues cualquier exceso será excretada por medio de los riñones. Pero en cambio, sí es posible que el cuerpo se deshidrate cuando se produce un desequilibrio entre la ingesta de líquidos y las pérdidas de los mismos.
Recordad que sobre todo ahora en verano es el doble de necesario ingerir más agua para así compensar las pérdidas por el calor.
Vuestro nutricionista online, José Antonio.












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