¿Beber alcohol es malo?
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La ingesta de alcohol etílico de cualquiera de las bebidas que existen en el mercado origina diversas alteraciones en el organismo humano, tanto en el aspecto orgánico como en el psicológico. Se puede asociar con diversos grados de malnutrición, con obesidad o con enfermedades digestivas, neurológicas o cardiológicas. Así pues, el consumo habitual de bebidas alcohólicas puede provocar alteraciones en casi todos los órganos del cuerpo humano. La cantidad de alcohol que ingerida diariamente puede considerarse inocua oscila entre el 10 % y el 12% del total calórico, o expresado de otro modo, hasta 0.6 g/Kg peso corporal en hombres y 0.5 g/Kg de peso en mujeres.
Su consumo habitual por encima de estas cantidades puede originar trastornos nutritivos, alteraciones en uno o varios órganos y dependencia. Puede hablarse de alcoholismo cuando el consumo habitual de bebidas alcohólicas va unido a patologías en una u otra función corporal:
- En el tracto digestivo puede provocar un aumento de volumen de las glándulas salivares, con trastornos de secreción. En el esófago ocasiona una tendencia a las lesiones por reflujo ácido, que generan una predisposición a las úlceras esofágicas, y probablemente al cáncer de esófago.
- En el estómago las dosis elevadas pueden originar una gastritis aguda, con dolor, náuseas e incluso hemorragia.
- En el hígado y vesícula biliar disminuye la cantidad de sales biliares secretadas. Esto altera la flora intestinal con la consiguiente acción irritante en el colon. Además es causante de heces muy grasas. Puede originar un hígado graso, hepatitis alcohólica y cirrosis. El hígado graso y la hepatitis aguda son reversibles con el abandono del consumo de alcohol, pero la cirrosis en cambio, es incurable.
- En el páncreas conlleva una secreción exocrina disminuida, causa de malabsorción intestinal. Esto puede conducir a un estado de desnutrición proteíno-energético grave.
- En el intestino delgado sobre todo es causante de diarreas. Produce alteraciones anatómicas y funcionales en la pared intestinal, y como consecuencia de ello aparición de malabsorción.
El consumo habitual de alcohol puede contribuir decisivamente a la aparición de obesidad, a pesar de la limitada capacidad hepática para metabolizarlo. El valor energético aumenta si la bebida alcohólica contiene glúcidos simples, como ocurre en la cerveza y en muchos vinos. Las bebidas alcohólicas son consideradas un gran ejemplo de aporte de “calorías vacías”.
Aunque por su alto contenido calórico pueda provocar obesidad, muchos bebedores muestran un peso inferior al normal, debido a una escasa alimentación. La anorexia afecta con frecuencia a grandes bebedores. Cabe insistir, en que la malnutrición puede llegar a producirse incluso con una alimentación adecuada, aunque es más grave y precoz en caso de mantener una dieta desequilibrada.
Hay bebidas alcohólicas que en cantidades muy bajas, a ciertas personas, puede provocar beneficios, pero no por el alcohol, sino por distintas propiedades nutritivas del producto. Es importantísimo que nadie adopte una costumbre diaria hacia el consumo habitual, y que si lo prefiere, que previamente se haga un chequeo médico para verificar que no le generaría problemas.
Vuestro nutricionista online, José Antonio.












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