¿Son buenos los suplementos de proteínas?
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Hoy quiero volver a referirme al conflicto entre nutrición y musculación. Hoy en día existe una indudable fiebre por el culto al cuerpo, y en el género masculino cada vez son más los que deciden dedicar horas y horas para conseguir un cuerpo atlético, definido y/o musculado. Este colectivo, al menos, sabe que el sacrificio y la constancia es el único camino para conseguir lo que se proponen. Tienen claro de que no existe un truco milagroso que consiga de la noche a la mañana lo que persiguen, pero aún así, también se buscan suplementos o ayudas ergogénicas para acelerar el proceso. Los deportistas tanto profesionales como amateur de cualquier disciplina también indicen en su alimentación para favorecer y potenciar resultados.
En cualquier entrenamiento que se precie, el efecto más obvio del entrenamiento de fuerza es la hipertrofia muscular. Para compensar limitaciones genéticas, muchos atletas utilizan esteroides anabólicos (androgénicos) al objetivo de maximizar el crecimiento muscular. Sin embargo, los esteroides anabolizantes están prohibidos, además de plantear problemas para la salud. Por tal razón se ha extendido el uso de suplementos aminoacídicos o concentrados proteicos. El fenómeno se basa en la idea generalizada y errónea de que la ingestión de proteínas siembre lleva a un mayor desarrollo muscular o, peor aún, que cuanto mayor sea su consumo tanto mayor será la masa muscular y la fuerza, sin límite alguno
Durante años se han comercializado suplementos proteicos para deportes de fuerza en forma de proteína en polvo o bebidas enlatadas enriquecidas en proteínas. Sin embargo, el contenido proteico de estos suplementos suele derivar de leche, huevos o proteína de soja, y no da ninguna ventaja sobre las fuentes naturales cuando se compara con cantidades equivalentes de proteínas aportadas por alimentos, siendo además bastante más caro.
De todas formas, aunque tales suplementos pueden ser de utilidad para asegurarse fuentes de proteína adicionales, es necesario enfatizar que siempre deben ser complemento de una dieta sana y equilibrada, no un sustitutivo. La ingesta proteica óptima puede obtenerse fácilmente, salvo en casos excepcionales, con el seguimiento de una dieta bien equilibrada sin necesidad de suplemento alguno. Por ejemplo, los hidratos de carbono complejos (pan, pasta, cereales, arroz) son buena fuente energética y ahorran proteína como fuente de energía. Dependiendo del aporte energético, una dieta que aporte un 12-15% de la energía en forma de proteínas de alimentos como carnes, pescado, pollo, leche o legumbres puede suministrar de 1,5 a 2 g de proteína por kg de peso corporal. Además, por el hecho de que no existan reservas concretas de aminoácidos (como ocurre con la glucosa en forma de glucógeno, o con los ácidos grasos en forma de triglicéridos), un exceso de proteínas puede dar lugar a la activación de los procesos de desaminación y transaminación y a la transformación de los carbohidratos en grasa. Por ello las suplementaciones proteicas tienden a incrementar el peso corporal más bien por acúmulo de grasa que por crecimiento muscular.
Y en lo referido al daño que las proteínas pueden producir, tampoco se ha descrito que un aporte excesivo pueda causar efectos adversos. No existen pruebas científicas suficientes de que se produzcan problemas renales o incrementos en la pérdida urinaria de calcio. Sin embargo, a menos que se consuma una cantidad adecuada de líquido, sí que puede incrementar el riesgo de deshidratación, pues cada gramo de urea excretado en la orina se acompaña de 50 ml de agua.
Vuestro nutricionista online, José Antonio.












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